Todos los sueños tenemos que clasificarlos en dos categorías diferentes: premoniciones y predicciones.
Lo que distingue a la premonición de la predicción es que la primera no es más que una deducción sobre lo que puede suceder basándonos en datos o indicios que ya se poseen, mientras que es conocer lo que sucederá sin nada que justifique dicho conocimiento.
Al poseer nuestro inconsciente todos los datos que tenemos (deseos, tendencias, pensamientos…), el cerebro puede analizarlos como lo haría un ordenador, y anticipar la continuación posible de los acontecimientos actuales y cuál será nuestra línea de conducta más probable. Se limita a advertirnos de lo que puede suceder.
El verdadero sueño profético o productivo, se produce muy raras veces y ante todo se caracteriza por su fuerza y realismo, queda tan grabado en nuestra mente, que incluso al cabo de varios años se recuerda detalles. Y no existe la posibilidad de confundirlos con pesadillas, que también se viven intensamente, pues sus características especialmente de color y luminosidad son totalmente distintas e inconfundibles.
Son sueños en los que por más que analicemos e investiguemos todos los detalles buscando su origen, es totalmente imposible hallarlo, por lo que no queda más remedio que considerarlos como de origen paranormal, ya sea a causa de un fenómeno de telepatía, cuando se refiere a otra persona y luego comprobamos que lo soñado fue cierto, o a videncia o precognición, en los demás casos.

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