Desde la cuevas de la Edad de Piedra el perro ha sido el fiel compañero del hombre, lo que le ha valido simbolizar la amistad y la fidelidad; pero no debemos olvidar que necesita sentirse en libertad para poder servirnos, y si se le mantiene atado se malea y ataca a cuantos se le acerquen.
Es por ello que en los sueños tanto puede ser un amigo fiel como un enemigo encarnizado, pues como animal que se halla relacionado con lo instintivo, y si bien mientras seamos fieles a nuestra naturaleza el perro de nuestros sueños nos manifestará afecto y fidelidad, si nos apartamos de la misma nos mirará suplicante, su cabeza sobre nuestro regazo implorará que volvamos al camino recto.
Y si lo que hacemos es rechazar de plano lo que consideramos la parte animal de nuestro ser, o negamos a los demás la lealtad que pedimos, el perro nos mirará hosco con ojos encendidos de odio, como diciéndonos que de seguir este camino tendremos que enfrentarnos en nuestro interior con lo que él representa.
En la antigüedad, el perro se hallaba consagrado a Hécate, la diosa de los muertos, lo que lo relaciona con la muerte, a la cual parece presentir de lejos, por lo que oír su aullido, aunque sea en sueños, es un mal augurio que presagia alguna muerte próxima o cercana: en cambio, su ladrido es siempre una advertencia sobre la proximidad de algún peligro.
Pero la mayoría de las veces soñar con perros indica un gran deseo de sentirse amado y protegido, de tener a nuestro lado quien nos dé amor y compañía estando dispuestos a dar el mismo amor que solicitamos. Del mismo modo, si soñamos que el perro está en peligro, es que alguna relación afectiva se verá amenazada.
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